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Sixto Paz 1b
LibroGYV

A continuación, un extracto de «El Libro de los Guardianes y Vigilantes de Mundos» (1997), en donde Sixto Paz cuenta cómo obtuvo su primera psicografía, marcando con ello el inicio de su proceso personal de Contacto Extraterrestre y el de la llamada Misión Rahma.

1974: Los inicios de Misión Rahma

En 1974 se inició en el Perú una de las experiencias de contacto extraterrestre más importante y serias que se hayan conocido en el mundo de habla hispana: Misión Rama o el Grupo Rama. Esta experiencia fue dada a conocer a nivel mundial por el conocido y prestigioso periodista español y hoy prolífico escritor Juan José Benítez; quien cuando sólo era un corresponsal más de prensa de la agencia de noticias EFE, fue enviado al Perú a cubrir la insólita vivencia de un grupo de adolescentes que afirmábamos venir manteniendo comunicación fluida con seres de otros planetas.
Benítez, después de entrevistar a todos los involucrados, nos preguntó si es que él podría asistir en calidad de testigo imparcial y objetivo a uno de dichos avistamientos anunciados previa cita. La confirmación de su pedido no se hizo esperar, por lo que el grupo se desplazó el 7 de septiembre de 1974 hacia la localidad de Chilca, en el desierto, a unos sesenta kilómetros al sur de Lima; lugar de repetidos avistamientos y encuentros físicos con los tripulantes de las naves extraterrestres. Allí el hombre de prensa, junto con todos los demás asistentes contemplaron la aparición en el cielo, a baja altura, de dos objetos voladores luminosos. Aquellos objetos fueron considerados no identificados por Benítez, quien de regreso a España, tuvo el valor de declarar públicamente a través de diversos medios de comunicación, entre ellos la televisión española, que él lo había visto y le constaba que el contacto era real. Fue entonces cuando a partir de semejante constatación, aquel grupo de jóvenes hicieron muy popular una técnica de comunicación conocida como la psicografía, que es la escritura automática o telepatía instrumentalizada, mediante la cual el receptor o antena recibe del emisor —en este caso un extraterrestre—, una fuerte onda mental o mensaje telepático; y es nuestro propio cerebro el que automáticamente decodifica e interpreta el mensaje, de tal manera que uno percibe como si le estuviesen hablando al oído y en su propio idioma; pero es en la mente donde está ocurriendo todo. Durante la recepción puede darse el caso de que uno se sienta invadido de la necesidad compulsiva de transcribir lo que va recibiendo, de allí el nombre de psicografía.

La Prehistoria del Contacto

La historia de cómo empezó todo el contacto demuestra que detrás hubo hilos invisibles moviéndolo todo, así como señales contundentes de una fuerza que nos dirigía, creando la ambientación adecuada y motivándonos a predisponer en nosotros las condiciones de recepción.
Empezando por mi padre, José Carlos Paz García, uno a uno fuimos siendo colocados en la línea de este movimiento que arrastraría masas. El, astrónomo aficionado, se interesó por el tema de la vida en el espacio, a raíz de que en los años 50 fueron llegando al Perú las primeras noticias de oleadas de observaciones de los llamados ovnis sobre el territorio de diversas naciones, y hasta sobre las grandes capitales de los países más poderosos de la Tierra, como fue la observación de una nutrida formación de dichas objetos que llegaron a sobrevolar Washington en 1952, y se detuvieron por unos instantes —cual si fuese una película de invasiones espaciales—, sobre el mismísimo Capitolio, ante el asombro de los testigos y el ridículo que significó para los militares norteamericanos que tuvieron que informar de su perplejidad e ignorancia frente al asunto, debido a que aseguraron de que no era ningún ensayo o experimento de la fuerza aérea, ni nada conocido. Casos como éste se multiplicaron por el mundo, motivado a que la prensa y el público en general presionaran al gobierno de los Estados Unidos para que investigara de cara a la opinión pública, y de una forma oficial, el fenómeno ovni. Así surgió en 1952 el proyecto conocido como «Libro Azul».
En 1955 mi padre conformó junto con un grupo de amigos, miembros —muchos de ellos— de la fuerza aérea del Perú, un instituto de investigación de los ovnis que rápidamente se conectó con las más importantes agrupaciones en el mundo dedicadas a dicho estudio. En ese ambiente familiar, mis hermanos y yo nacimos, crecimos y nos formamos. Él nos enseñó desde pequeños a pensar, no a creer que en un universo tan densamente poblado de estrellas, lo raro no podía ser de que existiese vida fuera de la Tierra, lo raro sería de que no la hubiese... Así, enseñados a enfrentar las cosas con sentido común y como libres pensadores, fuimos desarrollándonos normalmente, viviendo las etapas de la vida, pero siempre inquietos por lo que hubiese más allá.
En 1973 José Carlos fue invitado a dar una conferencia sobre los ovnis en una agrupación yoga. En aquella ocasión lo acompañamos con mis hermanos Rosie y Charlie, y el encuentro con este grupo produjo un fuerte impacto en mí. Tenía diecisiete años en aquel entonces, y me impresionó positivamente el que hubiese un grupo de personas dedicadas a temas espirituales, sin hacer de ello una religión. Venía yo de una formación eminentemente católica, pues había estudiado once años con los Hermanos Maristas, y aquello me parecía tan novedoso y diferente a todo lo que había escuchado antes, que me entusiasmé y quedé enganchado con el tema de la Hatha Yoga y Mantram Yoga Meditación, asumiéndola entonces como práctica diaria en mi vida; también me hice vegetariano y compartí dichas inquietudes con Marina, mi novia o enamorada, uniéndonos con ello cada vez más hasta tornarnos mejores amigos e inseparables compañeros.
También mi madre —a la que llamamos cariñosamente «Mochi»—, y Rosie fueron involucradas en el entusiasmo despertado por la yoga y la meditación, reuniéndonos continuamente para practicar en la sala de la casa.
El detonante del contacto fue que en la primera quincena del mes de enero de 1974, salió en los periódicos de Lima una información que decía que en los Estados Unidos se habían desarrollado en la década de los 60, una serie de proyectos de investigación del fenómeno ovni, entre ellos el conocido «Proyecto Ozma». Una versión antigua de lo que hoy conocemos como el «Proyecto Seti», que es la búsqueda de señales de vida inteligente en el espacio a través de ondas de radio. En aquellos años se había descubierto a través de viajes espaciales y mediante los radiotelescopios, que en el espacio no había un silencio sepulcral como muchos creían, sino que por el contrario había mucho ruido; mucha bulla procedente de cada planeta y de cada estrella. Y estos sonidos podrían ser mensajes enviados de otros mundos; de civilizaciones tan o más avanzadas que la nuestra, que podrían estar buscando conectarse con sus similares en el universo. Por ello, el gobierno norteamericano había creado una comisión de investigadores compuesta por un grupo de científicos expertos en claves y en sonidos que trabajaban para las fuerzas armadas o para la FBI y la CIA, a fin de que procurasen con el uso de las computadoras, decodificar e interpretar dichas señales. Este grupo estaría apoyado por otro, compuesto por psíquicos, esto es: personas que han nacido con ciertas facultades de la percepción extrasensorial más desarrolladas que el común de la gente, y que son reclutadas por los gobiernos de las grandes naciones, para utilizarlos apoyando a las fuerzas policiales en resolver casos delictivos que no pueden solucionarse por la vía normal, o también para intervenir en misiones de espionaje. Mientras unos recibían las señales y buscaban traducirlas, el otro grupo se concentraba para enviar al cosmos una onda mental telepática lo suficientemente fuerte, como para que de existir civilizaciones desarrolladas en el espacio, que no sólo hubiesen avanzado en tecnología, sino también en su poder mental, supiesen ellos que aquí en la Tierra ya hay quienes se consideran con capacidad de mantener un contacto inteligente. Esta noticia motivó a mi padre a organizar una conferencia en el seno de su instituto, para lo cual invitó a un médico del Hospital de Policía de Lima y miembro de la Sociedad Teosófica, el doctor Víctor Yáñez Aguirre, quien disertó magistralmente sobre la telepatía, y la posibilidad de la existencia y posterior visita de seres extraterrestres mucho más avanzados que nosotros, cuyo único mérito hubiese haber empezado antes, y que podrían por ello tener ampliamente desarrolladas sus facultades psíquicas; de tal manera, que de estar llegando a la Tierra, podrían no sólo visitarnos con sus naves, sino que podrían estar intentando una conexión mental telepática o buscándola a un nivel astral, en sueños; debido a que según él, los sueños son experiencias reales en otra dimensión.

La primera psicografía: Cómo comenzó todo

No puedo negar que la conferencia me maravilló, y quedé muy entusiasmado con el tema y tan motivado que cuando llegué a casa les conté a Mochi y a Rosie de los alcances y posibilidades que habían sido planteadas aquella noche, y les pedí que me acompañaran en un intento de recepción telepática. Nunca pensé que pudiéramos tener un resultado positivo, pero bien valía la pena intentarlo; y para ello se me ocurrió que podíamos emplear lo aprendido en la yoga, como son las técnicas de: respiración, relajación, concentración y meditación, que nos predispondrían en un estado de receptividad y silencio interior; como para captar cualquier pensamiento que no fuese nuestro. Nos sentamos para ello cómodamente en torno a una mesa; colocamos unas hojas de papel y un lápiz sobre ella, acordando que al primero que le viniese una idea que considerara que no fuese suya, la anotaría; y así, al final uniríamos las ideas sueltas procurando interpretar algún posible mensaje.
Cerramos los ojos y nos pusimos a tomar respiraciones lentas y profundas para realizar una meditación muy especial, pues aquella ocasión concentraba grandes expectativas. Habían pasado unos quince minutos de una muy buena relajación, cuando de pronto sentí un deseo irrefrenable de escribir, y algo se conmovió fuertemente en mí... Se produjo una ansiedad tal, que tuve que abrir los ojos y tomando con la mano el lápiz, la relajé hasta que comencé a garabatear en las hojas de papel de una forma descontrolada, por lo cual me sorprendí y más bien detuve mi mano, ya que sentí algo de temor y todo ello me había puesto muy tenso. Al cabo de un rato que nuevamente me relajé, se repitieron los trazos sobre el papel; pero esta vez ya no eran meras líneas o rayas en distintas direcciones, sino que empecé a escribir a gran velocidad lo que vertiginosamente me iba llegando a la mente. Cuando terminé, aún me temblaba la mano y el brazo, y por largo rato continuaría estremecido por la corriente eléctrica que había sentido que descendía por mi espalda.
Una fuerte presión en la cabeza parecía querer convencerme de la realidad de la recepción, pero mi mente se resistía... ¡No lo podía creer! Tenía delante de mí un supuesto mensaje telepático, una aparente comunicación venida de otro planeta. ¡Aquello era una locura!... Al leer el escrito éste decía:
Oxalc 2

Oxalc de Morlen, Guía Extraterrestre de Sixto Paz.

«Sala de hogar buena para hacer la comunicación. Me llamo Oxalc, soy de Morlen. Ustedes la llaman Ganímedes, una de las lunas de Júpiter. Podemos tener contacto, pronto nos verán».
De inmediato pensé que me había «rayado»; que estaba alucinando e inventándome cuentos producto de una desbordante fantasía e imaginación. Inmediatamente mi madre y mi hermana abrieron lo ojos, y muy contentas vieron el mensaje, comentándome con alegría, que ellas también habían captado parte de la recepción por lo que sentían que ello era verdadero y no producto de nuestra mente.
Quizá por una cuestión de responsabilidad o de humildad —realmente no lo sé—, no podía compartir su entusiasmo. De inmediato descarté toda posibilidad de que aquello fuese cierto, porque como les decía a ellas: no podía ser tan fácil que se obtuviese un contacto con mentes superiores siendo nosotros gente común y corriente; si fuera así, cualquiera podría llegar a alcanzarlo. Les reiteré allí mismo que para mí, no era otra cosa que un juego de nuestra imaginación, consecuencia probable del ambiente familiar, de la conferencia y de nuestro excesivo entusiasmo. Por lo que muy molesto con la situación, me paré y me dirigí hacia mi dormitorio, deseoso de olvidar lo ocurrido. La actitud de mi hermana Rosie fue todo lo contrario. Ella, supremamente satisfecha por lo acontecido —y sin que yo lo supiese—, tomó el teléfono y comenzó a llamar a los amigos, empezando por Marinita, narrándole lo que había pasado en aquella meditación. A todos les contaba:
—«¡No se imaginan lo que ha ocurrido esta noche!... ¡Sixto se ha comunicado con un extraterrestre! Vengan mañana, vamos a hacer una reunión en casa».
Aquella noche del 22 de enero de 1974 se había iniciado como jugando, ingenuamente y sin que nosotros nos percatáramos, una maravillosa aventura, que involucraría a cientos de miles de personas a nivel mundial, despertando conciencias y cambiando nuestra existencias de una manera muy positiva. Aventura de contacto, que hasta ahora no conoce final.
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